Raffel Bernatz, (del latín, Rafelium Horripilensis) 23 años, original de Crakow (Polonia).
Destaca por su tez pálida y su pelo color panocha. De personalidad solitaria, y de pocos amigos, siempre se caracterizó por ser un chico solitario en el patio del colegio, mientras los demás “polaquitos” intercambiaban tazos, él se dedicaba a pasar las horas en el aula de informática matando marcianitos y viendo páginas de contenido dudoso. En cuanto a su formación, al terminar sus estudios primarios, antes de encontrar su verdadera vocación probó suerte en diferentes y muy variados ámbitos: se matriculó en cursos de repostería, del cual lo hecharon al pegar a una profesora que le mandó limpiar una cucharilla; más tarde hizo sus pinitos en el mundo de la moda, donde tras apostar por una idea innovadora de calzoncillos reversibles, obtuvo un estrepitoso fracaso del cual no se recuperó jamás y le quedaron secuelas todavía hoy visibles.
De su físico predomina su melena morena, su boca de piñon y su cara en forma de almendra garrapiñada. Entre sus pasiones estan quedarse encerrado en el lavabo, beber vodka a chupitos y robar maíz. Disfruta lavando platos (con agua y sin jabón), sólo en el caso en que haya españoles delante y quieran cocinar. Odia recoger la ropa tendida, recoger las bolsitas de te y recoger la basura; como conclusión se podría decir que no le gusta recoger. Siempre fue un chico muy sociable y abierto, tanto que le ofrecieron trabajar con tan sólo 14 años como relaciones públicas en un bar de alterne, dónde una noche conoció al sujeto A (el cual argumentaba que estaba allí para beberse solamente un té de menta). De ahí se transformó en una persona sin escrúpulos y se comenzó a dedicar al tráfico de prostitutas polacas en pisos de estudiantes.
